¡Sobreviví al Bikram Yoga!

Cuando mi plan en el gimnasio se venció, acepté a regañadientes que tenía que ponerle fin por un tiempo a mis clases de Acondicionamiento Físico y a los 4K en la trotadora. El plan aumentó de precio y ahora es un pésimo momento para gastar de más.

Pensando en qué podía hacer para no perder el tiempo y mantenerme en forma psicológica y físicamente, averigüé a qué opciones podía acceder con poco dinero y con total motivación. De la nada vi un aviso en redes sociales de Bikram Yoga Centro con algunas ofertas y este plan de 15 días por 15 mil pesos que me dejó entusiasmada. Por fin podría practicar el famoso Bikram y mover el esqueleto.

Así fue como invité a mi amiga Javiera a que nos uniéramos por esta noble causa. Sin tener mayor idea de lo que trataba esta práctica, nos apuntamos y partimos a probar qué tal era todo esto. 

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Sudor, ruidos y dolor de cabeza

Un jueves cualquiera comenzamos nuestra práctica con varias dudas. Lo primero que me llamó la atención fue el olor a humedad. Eso sí, rápidamente el calor de todo el lugar me lo hizo olvidar, porque desde que bajas las escaleras lo notas. Sin embargo, eso no era nada. ¡No tenía ni idea!

Así fue como una vez que nos vestimos con nuestra mejor indumentaria deportiva para sucumbir al calor y al sudor, notamos que muchas personas esperaban sentados en los sillones del pasillo. Sin pensarlo dos veces nos dejamos caer en alguno de los sillones y comenzamos a conversar de la vida hasta que el instructor de ese día avisó a todos que daría inicio a la clase. Cuando entramos a esa sala llena de gente, piso alfombrado y espejos en todos lados, notamos que no había espacio para dejar nuestros mat de yoga. Empezamos mal. En vez de haber estado afuera conversando debimos haber buscado sitio, ¡gran error!

Con algo de suerte nos instalamos en uno de los rincones de la sala, bien atrás y amontonadas, la cuestión era que nadie nos viera o, al menos, así lo entendí yo.

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En ese pequeño espacio, con el resto de mis compañeros de Bikram Yoga por ese día más cerca que nunca, me di cuenta del calor infernal que hacía. Todo lo que había escuchado era cierto y nada tenía relación con mi imaginación. Era todavía más sofocante.

El instructor preguntó por los nuevos integrantes que habían llegado. Tres mujeres dijeron sus nombres, dos éramos mi amiga y yo. El instructor comenzó diciento que nuestra tarea principal ese día era aguantar los 42° de la sala y seguir las instrucciones sin mirar para los lados.

La clase comenzó con el instructor guiando la fase de respiración para luego ir directamente y sin respiro a las posturas (en los 90 minutos que dura la clase se llevan a cabo 26 asanas). 

Conocía varios movimientos y los había ejecutado medianamente bien anteriormente, pero el calor hacía casi imposible poder mantenerse en pie sin que se resbalara una pierna sobre la otra o se soltara la mano agarrando un pie. Sobrevivir a ese calor, al sudor que entraba a mis ojos y a la sensación de agotamiento, era una experiencia retadora. 

Y si es que anteriormente con suerte ejecuté las asanas más sencillas, en esta sala tuve, con calor y todo, que tener que realizar otras muy complicadas como un Garurasana o un Dandayamana-Dhanurasana. Sé que para varias de ustedes pueden hacer etas sencillas posturas, porque son medianamente ejecutables, pero hacerlo con todo tu cuerpo sudado, soportando un calor de país tropical y congestión nasal, no es fácil ni de broma.

Sin embargo, pudimos continuar la práctica hasta llegar al Savasana. Parece imposible, pero no lo es. Al menos todas las nuevas integrantes de ese día pudimos llegar hasta la fase final. 

Garusana

Dandayamana-Dhanurasana

Dolores de cabeza

Antes y durante estas clases de Bikram estuve leyendo sobre el dolor de cabeza, porque si bien yo sufro de esta  dolencia, una vez que empecé a practicar se incrementaron. Llegué a levantarme con dolor. Muchas personas escribían en diferentes foros que también sufrían de lo mismo. Como jamás fui al doctor nunca supe a qué se debía, pero luego de hidratarme más de lo normal, porque suelo tomar 2 litros de agua, el dolor no volvió. 

Antes de empezar la clase recomiendan tomar mucha agua, y lo cierto es que es fundamental. 

En mi tercera clase por fin pude sentirme despojada del dolor de cabeza. Tal como aconsejó la profesora en el segundo encuentro, tomé agua con rodajas de naranja o limón. Sin embargo, siguieron en nuestra cabecitas las mismas dudas del primer día: ¿Por qué algunas personas hacen tanto ruido al respirar? ¿Cómo hacer ciertas posturas o cómo ubicar las mano? Lo cierto que en la práctica se comienzan a entender. 

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Finalmente, pudimos ir a cinco clases de las que nos quedaron buenos y raros momentos. No fuimos a más porque organizarse para cumplir con las 15 clases es muy difícil.

Me gustó el Bikram, porque lo sentí como un desafío y cuando estás más de 7 horas sentada y frente a un computador el cuerpo agradece todo, aunque esto signifique encerrarte más de una hora en una sala con 42 grados de calor. No sé si lo volvería hacer, su precio es elevado y para hacer yoga prefiero el más tradicional. 

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A continuación, algunas conclusiones de la experiencia:

  • Si quieres probar algo nuevo puede que te guste.
  • Es caro, por lo que la recomendación es simpre probar al principio con estas clases en promoción. Al menos, te enterarás de qué se trata. 
  • Si eres amante del yoga más convencional y te encanta la meditación, probablemente el Bikram no te seduzca. 
  • Antes de ir es bueno averiguar las posturas en algunos sitios web, así no estarás muy perdida. No todos los intructores muestran cómo se deben ejecutar las posturas, porque dicen que debes seguir sus instrucciones. 
  • Hidrátate antes, durante y después...hidrátate mucho.
  • Si bien puedes practicar sola, es una buena instancia para asistir con tus amigos, pareja y familiares. 

¿Conocen el Bikram Yoga? ¿Se apuntarían?

Imagen de Daniela